La pequeña localidad francesa de la Costa Azul está a sólo unos kilómetros de lugares tan conocidos como Mónaco, Niza, Cannes y Antibes. Esta ciudad de naranjos y limoneros, con sus idílicas playas de arena, aún no ha sido descubierta por el turismo de masas y ofrece un día de relax. Al estar tan cerca de la frontera con Italia, la cultura italiana se refleja en su acogedor casco antiguo.